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El principio

Santiago Niño Becerra - Lunes, 28 de Septiembre

G-20: se acabó: ya están llegando, ya están llegando: ya han llegado.

Pittsburg pasará a la Historia: como el lugar en el que quienes eran algo en el momento en el que el sistema se encontraba a principios de los 10 (más algunos invitados), pusieron sobre la mesa que lo que estaba sucediendo no era solo tal cosa (una sola cosa) sino algo complejo, imbricado, interconectado: sistémico.

Y ha sido USA quien lo ha sacado a la luz: ya no puede aguantar más con el pacto al que se llegó en 1944 y que ha sido remendado y manipulado mil veces desde entonces. USA ya no puede seguir absorbiendo los gadgets que el resto del mundo cada vez produce en mayor número, aunque le financien la compra de tales gadgets. Es así de simple: el tinglado se acabó y ya se está empezando a admitir. (En “El crash del 2010” lo cuento con más detalle).

Lo chusco del caso es que cuando la primera ministra Angela Merkel dice que lo único importante es la regulación financiera y cuando el presidente Barack Obama dice que USA no puede continuar endeudándose-consumiendo como hasta ahora, están diciendo exactamente lo mismo: que la estructura que ha contenido al sistema en estos últimos 70 años, se ha acabado. Ya, ya, aún no lo han admitido del todo y por eso quieren meter a China en la ecuación para alargar un poco más el tinglado -la culpa es de los chinos que ahorran mucho y consumen muy poco-, pero quienes tienen que saberlo ya lo saben: “el mundo ha ido bien” porque China ha hecho lo que ha estado haciendo, si hubiese hecho otra cosa, el sistema ya se hubiese roto en el 91. Además, China ni sabe hacer otra cosa, ni puede actuar de otra manera: China no puede ponerse a consumir porque se comería el planeta.

Paralelamente, ese supermagnífico -y dependiente- crecimiento que China ha tenido lo ha tenido porque ha estado financiando a USA todo lo que USA le ha estado comprando, porque todo bicho viviente ha ido a invertir a su casa para bajar costes, y porque su moneda ha estado por los suelos, cosa que a quienes ahora se quejan les ha estado conviniendo: si el yuan hubiese estado más caro el precio de las Barbies con las que jugaban las niñas USA de rubios cabellos hubiese sido mucho más elevado y los padres de esas niñas ... hubiesen consumido muchas menos muñecas con lo que los beneficios de unos y el crecimiento de la otra hubiese sido mucho menor, y el tema no tenía que ir por ahí.

USA no puede consumir más; quienes le venden a USA no pueden continuar aumentando más su capacidad productiva; al dólar no se le puede seguir aceptando un valor que, en realidad, no tiene; los déficits de los Estados y las deudas de gentes y empresas no pueden estar ni un minuto más donde han llegado; la calidad de muchos activos, de gran número de créditos y de un porrón de seguros de impagos que se ha admitido buenísima y que nadie ha discutido es una caca y no puede seguir ignorándose ese hecho; y el factor trabajo que ha estado empleado en actividades pagadas con deuda sobra porque la gente ya no puede admitir más deuda. Pero aún no es momento de decir todo esto ni de actuar en consecuencia.

¿La moraleja de Pittsburg?, que aún no se puede hacer nada porque aún no toca hacer nada. Repasen las fechas en las que el G-20 empezará a actuar de verdadero poli malo: cuando la crisis haya estallado y ya no quede otra alternativa que meter el bisturí, entonces será cuando se actúe: a finales del 2010 comenzarán los supervisores a compartir información sobre grandes entidades financieras y a vigilar las megarremuneraciones de sus altos directivos, y a mediados de 2011 comenzará la convergencia internacional de normativas contables; de momento a seguir con los estímulos a fin de poder llegar a “después del estallido”: después del crash.

Mi lectura de lo trascendido: las cosas están tan rematadamente mal y tan tremedamente interconectadas que a día de la fecha no se quiere hacer nada porque la población, la mayoría de las compañías, y la totalidad de las entidades financieras no podrían asimilar las consecuencias de lo que hay que hacer. Se sabe de sobra lo que hay que hacer, y está ya escrito lo que se hará, pero cuando la crisis haya arrasado todo deseo de milagro, toda esperanza de “volver a lo de antes”, cuando una atemorizada población y un arruinado tejido económico estén dispuestos a aceptar lo que haga falta para sobrevivir; es decir, se planteará la amputación cuando la gangrena ya haya invadido la extremidad infectada.

Mientras, pomadas: ayudas, estímulos, palabras, sonrisas, promesas, avisos, advertencias. Nada. Lo poco que aún queda se gastará en cataplasmas para sostener al enfermo, en emplastos para mantenerlo hasta mañana; unas cuantas y unos cuantos se beneficiarán de la espera, en la espera, ¡claro!: rebañar el plato. Redistribución negativa, si, pero mucho más que eso será la base de las bases del cambio de mañana. Ya sé: aún no toca, pero continuaré pensando que es posible ganar unos meses al tiempo (posiblemente sea porque nunca he soportado sentarme a esperar: cosas de carácter).

Estamos al principio, pero ya estamos más cerca. Lo repito: ¿estrategias de salida?, ¡pero si aún no hemos entrado!.

(¿En qué sí se han puesto de acuerdo para empezar a actuar?, pues en lo tocante a las commodities: queda poco, hay para poco).

(¿Por qué el G-20 sustituirá al G-8 como referente sistémico?, pues porque para el cambio que vendrá es preciso contar con más, con más que algo tengan que representar. ¿España?, bueno, España algo puede, aún, decir en América Latina: ese puede ser su rol: leer el papel que en cada ocasión se le diga que hay que leer).

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

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