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Carta de un jubilado a tiempo: “Cuando fui consciente de lo que realmente se estaba fraguando…”

Lunes, 28 de Mayo de 2012 Redacción

gallinaHace tres años, ante lo que observaba en el entorno familiar y laboral respecto a cómo se planteaba esta crisis, tras estudiar la situación, dentro de mis posibilidades intelectuales (no soy economista ni sociólogo- aunque no hace falta serlo para ver lo que hay-),  y llegar a la conclusión que esto no tenia soluciones mágicas, ni a corto ni a medio plazo, ya que se trataba de una crisis sistémica y no simplemente de un problema  circunstancial, tomé una serie de decisiones que paso a relatar a continuación: Mi situación puede ser particular, aparte de afortunada. Cuando fui consciente de lo que realmente se estaba fraguando faltaban 3 años para jubilarme (lo acabo de hacer hace 6 meses),  la situación  empeoraba día tras día y las decisiones que tomé fueron rápidas. El notable incremento de las mentiras, la desorientación y la hipocresía,  que mostraban los estamentos políticos y financieros (si hoy repasamos lo que se decía en los periódicos hace tres años podemos demostrar esta acusación aparentemente desmesurada) me llamaba cada vez más la atención y el olor de lo que se estaba fermentando me daba muy mala espina. No quiero decir con esto que actualmente (mayo del 2012) las cosas hayan cambiado, es posible que sean peores que entonces.

Sabía que mi pensión iba a ser de 1300 euros al mes aproximadamente, si seguía viviendo en el piso que tenia, junto a mi mujer, tendría que restringir considerablemente los gastos por lo que decidimos venderlo  (vivir en Madrid con 1300 euros no es fácil). Fue valorado en ese momento (hace tres años) en  360.000 euros.  Tras varios meses sin poder venderlo decidí  bajar el precio para no perder tiempo.  Lo vendí   15 días después por  240.000 euros.


Habíamos encontrado una pequeña casa en un pueblo, lejos de las grandes ciudades   y de unos 450 habitantes. La casa tiene un terreno adyacente de 2400 m2. Lo compramos  por 110.000 euros. Nos hemos gastado en arreglarla 60.000 euros y ha quedado estupenda. Es pequeña pero más que suficiente. Durante los dos años y medio que faltaban para jubilarme, alquilamos un apartamento de 60 m2 por 750 euros al mes (no en el centro de Madrid) y hemos estado entretenidos con el arreglo de la casa y de la huerta en el pueblo todo este tiempo.  Hemos sembrado frutales (de todo tipo, adaptados a la zona y la altura), hemos fabricado un pequeño gallinero (con 10 gallinas y un gallo) una pequeña conejera (…se reproducen muy bien y la carne de conejo es supersana…) y hay leña de sobra para pasar el invierno, nuestros gastos de calefacción se han reducido así al mínimo.


Los vecinos se conocen todos, se ayudan entre ellos y el trueque esta instaurado sin necesidad de nombrarlo como tal. No es necesario ir a la casa del vecino a cambiar lechugas por huevos. Yo le llevo huevos al vecino cuando me sobran y él me trae lechugas cuando le sobran. Y sobran huevos y lechugas, y muchas  cosas más.  Mis hijos vienen los fines de semana  y se llevan  fruta,  verdura, huevos  y  un pollo o un conejo. 


Teniendo la casa pagada y viviendo de esta forma no gastamos más de 600 euros al mes. Si tenemos que viajar a Madrid o a algún otro sitio los costes se disparan pues la gasolina y el resto de los gastos se incrementan notablemente.


En mi casa tenemos  Internet, estamos conectados con el mundo, hablamos con los hijos y los amigos por el Skipe.  No nos sentimos aislados para nada. Nuestros amigos y familiares, que en Madrid veíamos poco por la locura de la gran urbe, ahora nos visitan sin prisa. El aire es puro, el perro es ha rejuvenecido tras salir de la ciudad y caminar durante años controlado y frenado constantemente  por un collar y una correa de metro y medio (nosotros también…), el silencio se oye. El gallo da la lata a las 5 de la mañana pero cuando las gallinas empiezan a cacarear ya sabes que te puedes comer un par de huevos fritos frescos frescos para el desayuno   y  ya te da igual que te despierten a esa hora. Se empieza a oír el canto de los pájaros, que por cierto casi ni recordaba lo que significaba y por la noche, cuando el cielo está despejado y sin nubes veo la vía láctea e infinitas estrellas.


Sé que estoy describiendo algo que puede parecer idílico y que mis circunstancias son particulares, tal como decía al principio. Mis amigos me reprochaban lo barato que vendí el piso, eso de bajar 130.000 euros de un plumazo les parecía excesivo y me pusieron verde, mi mujer también me lo reprochó,  pero yo lo vi claro, muy claro. Ahora les pongo los dientes largos pues son incapaces de vender el suyo incluso bajando más el precio.


No obstante, aunque mi situación pueda parecer de cuento de hadas, tal como la relato, quiero manifestar que   siempre hay tiempo para tomar decisiones. A veces  uno se equivoca, yo me he equivocado muchas veces en la vida y aquí sigo. Repito que tal como está todo soy un privilegiado. No obstante esto se puede hacer con mucho menos, no es necesario haber vendido un piso por 240.000 euros. Hoy se encuentran casas con huerto por mucho menos, incluso en alquiler. Hay miles de casas con huerto en pueblos pequeños con alquileres baratos y asequibles. Es cuestión de buscar, estudiarlo y perder el miedo a tomar una decisión.


Quedan pocas alternativas a la situación catastrófica que vive el mundo occidental hoy en día y una de ellas es la de la simplificación, la de la reducción y el decrecimiento. El famoso ecologista inglés  E. Goldschmidt  ya decía  hace tiempo que la única alternativa al crecimiento es el decrecimiento. La frase “crecimiento  sostenible” es un oxímoron, es imposible, es como decir “guerra limpia”. Es una frase bonita, nada más, utilizada por  políticos para venderse durante las campañas electorales  y perfumarse ligeramente con un matiz ecologista. El otro “crecimiento”, el convencional económico, el que se utiliza constantemente en boca de todos como imprescindible para reducir el paro y volver a lo de antes es en este momento otra entelequia. Lo de antes se acabó, necesitamos nuevas fórmulas y las que utilizamos han dejado de funcionar.


Animo desde aquí a que nos bajemos del autobús del supuesto progreso, animo a que volvamos al campo, al sector primario. Parece una utopía a estas alturas de la vida pero tal como se van a poner las cosas es la única posibilidad que nos queda a muchos, tanto a los jóvenes, que lo tienen crudo, como a los mayores. El factor trabajo, tal como repite muchas veces el catedrático de economía Niño Becerra, es cada vez menos necesario. El campo nos vuelve a dar la estabilidad para reconsiderar qué es lo importante en la vida y cuál es nuestra razón de existir. Siempre hay tiempo para ello.


Teniendo en cuenta que mi pensión la seguirán recortando, no solo con la subida del IRPF, los impuestos indirectos, el repago de los medicamentos, la inflación (el impuesto escondido) y  al final nos quedará un subsidio de vejez, tenemos que prepararnos para ello. Nuestros políticos siguen aferrados a las fórmulas obsoletas  que le dictan las entidades financieras, que son las que de verdad mandan, y estas están tan entrampadas que solo huyen hacia adelante. Es más, han encargado de solucionar el problema a los mismos individuos que han provocado el mismo. Conclusión: hay que prepararse para lo peor.


El negocio más importante de los próximos diez años, hasta que el nuevo sistema se instale y el que ahora se desmorona termine de hacerlo  (si es que lo hace en 10 años), es la autosuficiencia y la supervivencia. Intentar apuntalar un sistema decadente con los mismos instrumentos que han hecho que se convierta en lo que actualmente es,  es perder el tiempo. Necesitamos nuevas ideas y un nuevo imaginario colectivo y ya hay muchos intelectuales que han puesto esas ideas sobre la mesa. No les hacen caso pues la dictadura del status quo no lo permite. Llegará el día, cuando toquemos fondo, que tengamos que rescatarlas.


Eso espero…

 

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