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En 2016 se gestó un cambio muy importante en los mercados

Martes, 21 de Marzo de 2017 Carlos Montero

En el artículo de ayer hablábamos sobre el posible cambio de escenario macro a nivel mundial, en el que abandonaríamos el escenario casi deflacionista que ha dominado las principales economías del mundo en los últimos años, para adentrarnos en un entorno normalizado de crecimiento e inflación. Ayer, Nicolás López relataba la experiencia de Japón con la deflación en la década de los 90, y los importantes efectos que tuvo a nivel global. Hoy traemos a estas páginas el análisis de López sobre cómo este nuevo escenario puede condicionar los mercados financieros, y cuáles son los cambios que tenemos que realizar en nuestras políticas de inversión. Veamos:

A lo largo de 2016 se fue gestando un cambio importante en los mercados respecto a las tendencias dominantes anteriores, algunas de corto plazo pero otras de muy largo plazo. La trascendente es sin duda la que tiene que ver con la inflación y las rentabilidades de los bonos. Puede decirse que desde 1980 en que la inflación hizo techo en los países desarrollados nos encontramos en un gran ciclo bajista de las rentabilidades. Detrás de este ciclo hay a su vez un ciclo desinflacionista que ha culminado recientemente en un escenario dominado por unas expectativas de crecimiento débil e inflación baja a largo plazo. En Europa y Japón particularmente las rentabilidades han alcanzado niveles nunca vistos manteniéndose en el entorno del 0% desde 2015 y todavía con niveles negativos en plazos inferiores a 10 años.

Desde el verano pasado se ha producido un repunte, todavía bastante modesto, en las rentabilidades. La narrativa dominante en el mercado ha cambiado claramente desde entonces y ahora se asume de forma bastante generalizada que la inflación y las rentabilidades de los bonos han hecho suelo definitivamente. La supuesta “burbuja” de los bonos habría empezado a desinflarse y los inversores han girado claramente desde los sectores más defensivos hacia aquellos que se benefician de un entorno de subidas de tipos y más crecimiento económico. Este es sin duda un escenario plausible y sería el ideal para la economía y los mercados. Una gradual elevación de la inflación y los tipos de interés sería compatible con una fase expansiva sostenida en la economía y un prolongado mercado alcista bursátil en los próximos años.

Desgraciadamente no podemos estar seguros de un escenario tan idílico. El mayor riesgo en nuestra opinión es que el actual proceso reflacionista sea de corta duración (1-2 años) y las fuerzas estructurales deflacionistas acaben por imponerse de nuevo dentro de unos meses con una nueva pérdida de momento en el crecimiento de la economía. En este caso buena parte de lo ganado por la Bolsa en este rally se perdería y los bonos volverían a recoger todo el dinero que saliera de los activos de riesgo.  

El cambio de perspectivas del mercado entre inflación/deflación tiene una importancia trascendental para las decisiones de inversión. Es evidente que si hemos entrado en un escenario sostenido de aumento gradual de las rentabilidades la bolsa va a tener un mejor comportamiento relativo que los bonos y viceversa. Pero incluso a la hora de diseñar una estrategia sectorial en Bolsa la situación cambia radicalmente si pensamos que el actual proceso reflacionista se va a mantener a largo plazo o si existe un riesgo de vuelta a la inflación cero. El caso del sector bancario es paradigmático en este sentido. Desde 1990 en Japón ha sido sin duda el sector de peor comportamiento relativo por el impacto de la crisis primero, y después por la persistente debilidad de la demanda de crédito y los bajos tipos de interés. En el lado positivo el sector Farmacéutico ha sido en conjunto el de mejor comportamiento con los valores industriales y tecnológicos en segundo lugar.

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