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2013 tendrá, indudablemente, su elenco de cisnes negros, que demandarán capacidad de reacción

Didier Saint-Georges, Carmignac Gestión -  Martes, 01 de Enero

cisne negroLa crisis de deuda del mundo desarrollado acentúa de forma persistente la fuerza de los ciclos económicos dado que, como atestigua la dolorosa experiencia del sur de Europa desde hace dos años, ya no existe la posibilidad de recurrir a la financiación externa para amortiguarlos, como ocurría hasta 2007. Otra consecuencia de esta disminución del crédito es un uso incansable de la creación monetaria por parte de los grandes bancos centrales, la última arma contra los efectos deflacionistas del desendeudamiento. El proyecto anunciado por Shinzo Abe, probable nuevo primer ministro de Japón, para devaluar su moneda y reactivar la inflación en su país es la expresión más reciente de este fenómeno y refuerza nuestra determinación de seguir dando un peso importante en nuestras carteras a los valores del sector del oro. Sin embargo, bajo la condición de la vigilancia, por primera vez en tres años nuestro análisis general justifica posicionar nuestros fondos internacionales sobre la base de unas perspectivas de rentabilidad ambiciosas. He aquí el factor ilusionante. Desde este prisma de optimismo, les deseo unas muy felices fiestas de fin de año.

Desde hace aproximadamente tres años, el agravamiento de la crisis de deuda pública en Europa ha justificado la prioridad concedida por todas las gestoras responsables a la preservación del capital de sus clientes. Una crisis de liquidez de un gran banco, o peor aún, de un país desarrollado, ha constituido una hipótesis creíble que habría desbaratado los mejores argumentos de valoración, de selección de valores o sobre tendencias a largo plazo. El compromiso asumido durante el verano por Mario Draghi para garantizar la integridad del sistema financiero europeo permite a los inversores retomar el análisis fundamental de las oportunidades de inversión. Sin embargo, este final del año 2012 está procurando motivos para fijarse objetivos más ambiciosos. Qué duda cabe de que todavía pueden producirse sobresaltos en Europa y en otras regiones —los famosos «cisnes negros», tan improbables como funestos— que justifican mantener una actitud vigilante, pero estas sombras volátiles ya no deberían cercenar el efecto de la selección de valores e impedir el aprovechamiento de fenómenos cíclicos potencialmente poderosos en 2013, así como tendencias económicas de gran calado que sustentan las rentabilidades a largo plazo. La determinación y la disciplina vuelven a ser, pues, fuentes decisivas de rentabilidad.

En EE.UU., la amenaza del ya célebre «precipicio presupuestario» constituye el principal escollo en este final de año. De fracasar las negociaciones entre los delegados demócratas y republicanos, la economía estadounidense caería estrepitosamente en la recesión bajo el efecto automático y brutal derivado del aumento de la presión fiscal y la reducción del gasto público. El recuerdo del bloqueo de las negociaciones durante el verano de 2011 impone tomar en serio esta eventualidad. No obstante, las circunstancias han cambiado. La actitud dogmática del ala más conservadora de los republicanos ha cosechado una derrota electoral y ahora cuesta imaginar que algún cargo electo estadounidense, animado por una intransigencia partidista, quiera cargar con la responsabilidad de empujar la economía estadounidense a la recesión. Así pues, el ajuste presupuestario negociado es el escenario más probable y la pregunta que se plantea ahora es si «la economía estadounidense corre el riesgo de debilitarse mucho por ello». Nosotros creemos que no. En primer lugar, porque gracias a la fortaleza del consumo, la economía estadounidense aborda el cambio de año en una dinámica positiva. Sostenida por un mercado inmobiliario en vías de recuperación, la confianza de los hogares está hoy cerca de los máximos alcanzados hace cuatro años. Esta dinámica sugiere una relativa capacidad de absorción de un ajuste presupuestario por parte de la economía estadounidense, sobre todo si en el acuerdo que se negocie predominan las reducciones del gasto. Esto constituye una diferencia esencial con respecto a la situación en el sur de Europa, donde se recetan presiones presupuestarias a economías en plena ralentización sin margen para encajar una merma suplementaria de los ingresos disponibles. Además, las repercusiones del fiscal cliff se han dejado sentir parcialmente en la economía estadounidense en 2012. A diferencia de los hogares, las empresas de EE.UU. han reducido sensiblemente sus inversiones a la espera de que desaparezca la incertidumbre presupuestaria. Así, el aumento de los pedidos de bienes duraderos se ha ralentizado a lo largo de todo el año y ha registrado un descenso por primera vez este verano. Podría producirse, por lo tanto, una reactivación de la inversión industrial en cuanto la incertidumbre que pesa sobre las cuentas pública se disipe.

Esta resistencia del ciclo económico estadounidense a un ajuste del gasto público —siempre que fuera moderado— debería tranquilizar a los inversores, máxime cuando se inscribe en una tendencia a largo plazo favorable. Según la Agencia Internacional de la Energía, la producción de gas y de petróleo de esquisto podría convertir a EE.UU. en el primer productor mundial de petróleo de aquí a 2020, con más de 10 millones de barriles diarios. Además de sus consecuencias geopolíticas, el impacto de este hecho sobre el sector exterior de EE.UU. podría ser considerable, ya que reduciría espectacularmente las importaciones de energía y atraería instalaciones industriales hacia unas fuentes energéticas seguras y competitivas.

Didier Saint-Georges, miembro del Comité de Inversión de Carmignac Gestión




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