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¿QUÉ EMPLEO?

Santiago Niño Becerra - Lunes, 14 de Febrero

Un informe elaborado por el sindicato alemán Verdi pone de manifiesto los sistemas de trabajo que la cadena de tiendas de descuento Lidl ha implementado en sus centros alemanes. El informe desgrana uno a uno los sistemas de control y seguimiento de las trabajadoras y trabajadores que en las tiendas de la cadena desempeñan las diversas tareas propias de su empleo, de tal modo que las conclusiones del mencionado informe son ní­tidas:

Lidl explota a sus empleados. Evidentemente, la cadena ha reaccionado desmintiendo el informe, y ha incidido, por activa y por pasiva en que, en los últimos tres años, ha creado más de 6.000 empleos anuales en Alemania. Una de las principales acusaciones del informe se basa en el hecho de que la firma imposibilita la creación de comités de empresa en sus locales comerciales.

Desde que en el siglo XVI comenzase a desarrollarse el embrión de lo que en el XVII ha sido conocida como la Era de las Manufacturas y que en el XIX se convirtió en la Revolución Industrial, prácticamente siempre el acento de todo lo relacionado con el Factor Trabajo ha sido puesto en la Tasa de Ocupación y muy poco en ?cómo es' esa ocupación; es decir, el objetivo de todos los gobiernos -de todos- ha sido y continúa siendo que, con matices, la tasa de desempleo del factor trabajo sea lo menor posible; todo lo demás sí­, también, pero en un segundo lugar.

El origen de este modo de hacer se remonta a 1799 y 1800, momento en el que en Gran Bretaña fueron promulgadas las Combination Act, conjunto de normas que prohibí­an el asociacionismo obrero; luego, otras normativas se encargaron de facilitar las cosas a la burguesí­a industrial y de complicárselas a la entonces llamada clase obrera. Puede que piensen que una capa de sadismo envolví­a a los legisladores del naciente capitalismo, pero no, la justificación de tal actitud era otra: la libertad. Si un trabajador, se decí­a, no está satisfecho con sus condiciones de trabajo, o con su salario, o con la duración de su jornada laboral, es muy libre para poder irse, para cambiar a otra empresa en donde desempeñar su trabajo. El único problema de tal razonamiento radicaba en que la oferta de trabajo era muy superior a la demanda. (En la zona de Parí­s, en la década de 1870, la tasa de desempleo se acercaba al 40% de la población activa; en el Imperio Alemán, hacia 1880, la tasa de pobreza alcanzaba al 80% del total de la población).

Los parecidos entre la Alemania actual y el Imperio del kaiser Guillermo son nulos, pero algo se está moviendo en el paí­s del Rhin, paí­s cuyo modelo de protección social está situado -al menos hasta ahora- a la cabeza de los europeos, si un sindicato elabora un informe como el elaborado por Verdi, aún admitiendo exageraciones; que lo elabore, decí­a y que de resultas del mismo pasen muy pocas cosas, o que no pase nada en absoluto; ¿tendrá en ello algo qué ver que la tasa de desempleo en el paí­s de Goethe se halle actualmente situada en el 12,1% de la población activa (20,5% en los territorios de la antigua RDA)?.

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economí­a IQS. Universidad Ramon Llull.

@sninobecerra

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.




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