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Crisis Japonesa ¿y luego?

Redacción -  Martes, 15 de Mayo

Puesta como ejemplo de problemas estructurales (envejecimiento de la población entre otros), deficiente gestión de la política económica (regulación y supervisión en el sector financiero, pero también de la monetaria y fiscal) y hasta de corrupción/debilidad/inestabilidad de la clase política: todo esto se ha utilizado para argumentar y valorar la Crisis japonesa iniciada en los noventa y finalizada, en teoría, en 2005. De hecho, el País sigue bajo la amenaza de la deflación y con elevada dependencia de la demanda exterior sólo compensada a muy corto plazo por los gastos e inversión de la reconstrucción tras el terremoto del año pasado.


El detonante de la Crisis japonesa en 1990 fue una crisis bursátil y de los precios de los inmuebles. El detonante y el punto final de la acumulación de importantes desequilibrios económicos en los ochenta: elevada deuda empresarial, en manos de la banca, sobre garantía inmobiliaria. El proceso de los acontecimientos en los siguientes diez años ya lo conocen: caída de la inversión y deterioro de la riqueza financiera;  ajuste de salarios con relativa estabilidad del desempleo; restricción del crédito, volcado por las entidades financieras a las empresas insolventes (préstamo zombi); expulsión de las empresas más solventes y productivas; complacencia de las autoridades ante las entidades financieras (bancos zombi); deflación. Y una situación que se retroalimenta.


¿Reacción de las autoridades económicas? Como excusa podemos decir que pocos economistas esperaban un desarrollo de la Crisis como el comentado anteriormente. De esta forma, quizás se entienda mejor la lentitud del BOJ en reaccionar ante la Crisis. Comenzando por los recortes de tipos y la liberación del crédito. Los tipos de interés reales elevados acentuaron el deterioro financiero al mismo tiempo que la restricción del crédito fue un claro obstáculo a la recuperación de la economía ya enfrentada a un fuerte y rápido ajuste de los desequilibrios a los que me he referido anteriormente. A partir de 2001 comenzó a implementar medidas de tipo cuantitativo para contrarrestar la restricción de crédito y el nulo margen de la política monetaria tradicional con tipos de interés ya nulos.


La a reducida deuda pública anterior a la Crisis y la elevada tasa de ahorro interno/ baja inversión (superávit por cuenta corriente) llevaron a las autoridades a embarcarse en un proceso claro de expansión fiscal. El grado de deterioro alcanzado por las finanzas públicas a finales de los noventa le llevó a una subida del IVA que acentúo la Crisis (en plena Crisis asiática). Corregido el "error" en 1998, la política fiscal se hizo cada vez más expansiva hasta alcanzar ya el año pasado niveles de deuda pública bruta por encima del 220 % y déficit por encima del 9 % del PIB.


El FMI ha elevado de forma reciente las previsiones de crecimiento económico de Japón para los dos próximos años en niveles del 2 %. Pero ha pedido una estrategia fiscal que suponga una reconducción de las finanzas públicas a medio plazo. Para el BOJ, pide que siga utilizando la política monetaria para contrarrestar los riesgos de deflación. ¿Observan algunas contradicción?. Por cierto, sin pretender ser pesimista, nadie puede de forma racional hablar de la Crisis japonesa en pasado. Y es un error que cometemos todos con demasiada frecuencia.

 

José Luis Martínez Campuzano es Estratega de Citi en España




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