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Lo que no será

Santiago Niño Becerra -  Miércoles, 27 de Marzo

Desde que ‘esto’ empezó la frase ya la hemos dicho muchas veces, pero es que es cierto: nada volverá a ser como antes, en nada, pero en el sistema bancario mucho menos.

Todo empezó en el 2007 con Bearn Sterns y sus fondos, siguió con las colas ante las oficinas de Northern Rock y la quiebra de Lehman en el 2008, continuó con los mega rescates, mega avales y mega garantías de los Estados a la banca en el 2009 y 2010; y tres stress tests cada vez más duros y exigentes (cuatro en España) después, ‘el problema de Chipre’ nos sitúa ante lo último que faltaba: el concepto de riesgo bancario.

Hasta ahora la responsabilidad de las personas físicas y jurídicas descansaba en la calidad de sus activos: ‘¿Se ha equivocado Ud. en los activos que ha elegido? ¿Son de baja calidad? ¿Comportan un riesgo que es superior al que Ud. puede o debería asumir? ¡Mala suerte!’. Pero ‘el problema de Chipre’ ha supuesto que esto ya no sea así.

“Si hay algún riesgo para un banco, la primera pregunta debería ser: ¿Qué van a hacer al respecto los que están en el banco? ¿Qué pueden hacer para recapitalizarlo? Si el banco no puede hacerlo, entonces pediremos que contribuyan los accionistas y los poseedores de bonos y, si es necesario, se lo pediremos también a los depositantes no asegurados”. “Si queremos tener un sistema financiero sólido, la única forma es decir: ‘Miren, ustedes corrieron riesgos; afróntenlos, y si no pueden hacerlo entonces no deberían haberlos tomado’”. (El País 26.03.2013, Pág. 18).

Esto es nuevo. Ya no importa la calidad del activo, ni su grado de liquidez, lo que importa es la solvencia de donde lo colocas, de forma que si has metido un montón de dinero: el activo más líquido, en un banco que tiene problemas o que los va a tener, pasas a ser responsable de lo que le pase a ese banco: elegiste mal, o no vigilaste la situación en que ese banco se hallaba, o no verificaste los enredos en los que ese banco -tu banco- estaba entrando. Tenías que haber sabido ver, tenías que haber obtenido la información de que ese banco en el que habías confiado ya no era digno de confianza, y tenías que haberte ido, y como te has quedado, contribuye a su rescate y hazte solidario de sus problemas. Insisto: esto es nuevo.

También es nuevo el que un banco pueda quebrar, controladamente, claro, pero quebrar al fin y al cabo. Es un cambio radical con respecto al ‘pasado’, con respecto a hace cuatro días. Pero que quiebren sin que afecte a los Estados, a los contribuyentes; que apechuguen con los problemas de la quiebra aquellas personas que no supieron ver que ‘su banco’ estaba dejando de ser seguro, que ya no era confiable.

Todos los casos son únicos hasta que vuelven a producirse en otra latitud y con unas características semejantes. El caso de Bearn Sterns fue único, el de Northern Rock también, y el de Lehman, pero lo fueron porque por detrás vinieron los Estados inyectando los fondos que fueron necesarios, o nacionalizando. Pienso que el de Chipre también lo será hasta que deje de serlo y se aplique la solución que en Chipre se ha aplicado allí donde se produzca.

Acabo con un tweet que publiqué ayer, es otro parecer que se añade a la oleada de pareceres de Ministros y Políticos que actualmente se están prodigando:

“Los ahorradores españoles deberían pensarse en serio si sus depósitos más allá de 100.000 euros están seguros. España tiene problemas muy serios”. Chris Pisarides, Premio Nobel de Economia y profesor de la London School of Economics. (El País 26.03.2013, Pág. 20).

(Por cierto, ¿se han dado cuenta de que nadie dice nada en absoluto, pero nada, nada, de los CDSs. Esa combinación de tres letras ha desaparecido de medios y conversaciones. Curioso, ¿no?). 

@sninobecerra

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.




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