La Carta de la Bolsa La Carta de la Bolsa

“Los convertibles te pueden convertir en un perfecto arruinado. Sólo hay que repasar la historia…”

Mar Revuelta -  Lunes, 12 de Marzo

"El bolsista tiene la memoria de escayola y es el hombre que más veces tropieza en la misma piedra: en la de la avaricia. La Historia de la Bolsa está escrita a base de imprudencias y de errores, con resultados fatídicos, en muchos casos. Se ha visto en pagarés con extratipos (de nuevo Rumasa); en compañías que dejan de pagar dividendo de la noche a la mañana (muy sonado fue el caso de Fecsa hace más de 20 años). Y, por supuesto, en una oferta que está muy de moda: la de los convertibles, que como todos los que seguimos la Bolsa y las finanzas sabemos que te pueden convertir en un perfecto arruinado. Ya en los 80, en pleno fervor emisor y con gran ebullición bursátil muchos se pillaron los dedos, las manos y mucho más...y así han seguido. Por eso, conviene repasar bien los manuales, repasar la historia y saber en qué invertimos. Por lo pronto, los clientes de banca pierden 2.000 millones en bonos convertibles, aunque algún banquero como Emilio Botín sufre su primera condena por la venta de convertibles del Santander", dice uno de los viejos lobos de mar del parqué madrileño.

Los bonos convertibles son activos de deuda emitidos por las empresas que pagan un cupón todos los años,  y con posibilidad de convertirse en acciones cuando llegue el periodo de vencimiento


Al invertir en bonos convertibles, el inversor realiza una apuesta por una bolsa alcista, ya que compra un bono que le ofrece un rendimiento fijo periódico y, en un plazo de tiempo determinado, la posibilidad de convertir la inversión inicial en acciones de la compañía emisora.


Al llegar cada período de conversión, lo normal es que el inversor realice la conversión si el precio de la acción en bolsa está por encima del precio de canje, ganando la diferencia, puesto que tiene derecho a comprar las acciones a un precio más barato al que cotizan en el mercado, y las puede vender en bolsa con la ganancia correspondiente. Por contra, si el precio de conversión es superior al de mercado, lo normal es mantener los bonos y seguir cobrando el cupón…


En este encuadre, ha escrito Luis Aparicio en Invertia.com que, un inversor en Bolsa puede negarse en rotundo a invertir en derivados (futuros y opciones) y, sin embargo, estar encantado en entrar en unos bonos convertibles. Sin embargo, estos bonos que obligan a convertirse en acciones a un precio fijo determinado dentro de un tiempo prefijado distan muy poco de un futuro o una opción financiera.


Por ejemplo, Banco Santander emitió este tipo de bono “anfibio” que da derecho a adquirir el próximo año acciones de la entidad cántabra a 14 euros. Se trata, además, de una obligación de convertirlos como ocurre con los futuros financieros (compromiso en firme) frente a las opciones que se pueden o no ejercitar a voluntad.


Otro ejemplo son los convertibles de Banco Popular. Los emitidos en 2009 establecen una serie de conversiones que llevan a 2013 a cambiar los bonos por acciones valoradas en 7,13 euros. Muy distintas son las convertibles que a precios de mercado y no a precio fijo, ya que los bonos del inversor se transformarán en acciones a los precios que en esos días está el valor en Bolsa.


Aunque el momento actual es negativo por el retroceso de la Bolsa, estas conversiones obligatorias y a precio fijo pueden generar del mismo modo importantes beneficios. Si, por ejemplo la acción de Santander estuviera a 16 euros y se pudiesen comprar a 14 euros, o las de Popular cotizasen a 8 ó 9 euros, teniendo el derecho de adquirirlas a 7,13.


En estas apuestas se gane o se pierda, el paralelismo entre los bonos convertibles y las opciones y futuros financieros es muy grande salvo por un aspecto. El inversor obtendrá acciones que pueden recuperar ese valor de 14 o 7,13 euros de los ejemplos expuestos, cosa que no ocurre con los futuros y opciones. Una opción con ese derecho de compra (opción call) vale exactamente cero porque nadie está dispuesto a pagar más precio por algo que puede comprar directamente en Bolsa más barato.


Ventajas e inconvenientes


La diferencia no es fútil. En futuros y opciones se asume la pérdida sin la posibilidad de resarcirse porque tanto futuros y opciones tienen una vida corta en la cuentan con ese derecho de comprar o vender un subyacente, mientras que en los bonos convertibles, el inversor se queda con el subyacente y puede recuperarse.


Otro punto a considerar es que los bonos convertibles ofrecen en su parte de vida como bonos un interés a los inversores, mientras que en futuros y opciones esta posibilidad no encaja en absoluta en la esencia del producto.

Pero futuros y opciones tienen ventajas frente a convertibles en la apuesta que estos productos ofrecen sobre la compra de un valor en un tiempo y plazos previamente fijados. Futuros y opciones ofrecen un elevado grado de apalancamiento lo que permita con una menor inversión optar a ganancias muy superiores. Hay que poner mucho menos dinero para optar a ganar más (las garantías en los futuros y el valor de la prima en las opciones). Pero como siempre, todo está compensado en derivados el inversor se la juega a todo y nada, mientras que con convertibles podrá recuperarse… algún día.




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