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Reino Unido peculiar – I

Santiago Niño Becerra -  Miércoles, 03 de Septiembre

Hace unos días recibí un mail: me lo remitía un lector que reside en UK. Este:

“Voy camino de cumplir seis años de expatriado en UK y me considero un testigo cercano de las diferencias entre este país y el nuestro que pueden ayudar a explicar el porqué cada uno va como va (sin juzgar si es mal o peor).

UK recibió el impacto de la crisis del 2008 directamente en el corazón de su potente sistema financiero, y acusó el golpe con un descalabro considerable y una buena sacudida a uno de los cimientos del país. Pero UK, por una razón u otra, es un país "gato"; siempre cae sobre sus cuatro patas.

Su peculiar statu quo en la Unión Europea sin pertenecer al Euro le permitió acomodar con más agilidad su política monetaria, aunque su estrecha relación con el Dólar no ayudó en primera instancia. Pero braceando más que nadando entre dos aguas, la Libra salió a flote decentemente apoyada por !otra! de sus patas, la Common Wealth y los paises asiáticos.

El tigre asiático nos puede parecer peligroso a los europeos de medio pelo, pero a los británicos les parece un manso gatito y se la trae al pairo su expansión, desmesura, crecimiento y otras monsergas. Al gatito le tienen pillado por la parte dolorosa. No hay acuerdo financiero o contrato de esa parte del mundo que no se cocine en la City, y sin ese nimio detalle de engrase, el motor de esa bestia se griparía en pocos giros de esa parte del mundo.

Se tiene una imagen equivocada de la City como centro solo financiero. Es mucho más que eso. Aquí se gestan las raíces de casi todo lo que mueve dinero en Asia.  Cualquier proyecto de inversión es tutelado por las enormes empresas de consultoría británicas, capaces de cubrir todas las especialidades imaginables y con núcleos de representación en todos los rincones del planeta. Los grupos de inversión, sean Bancos o Fondos, se organizan y acuerdan también aquí, con su propio nivel de Consultorías gravitando en esa órbita.

En paralelo, la formalización de todo el proceso en documentos contractuales se gesta en alguna de las desmesuradas corporaciones legales con miles de abogados sénior y muchos más becarios sobre explotados al mando de los trabajos rutinarios y poco agradecidos.

La guinda que corona el pastel es un hecho sorprendente para la mentalidad latina. Aquí y en todo el mundo anglosajón... SE LEEN LOS CONTRATOS Y LOS APLICAN!!! con todas sus consecuencias, incluida una excesiva tendencia al contencioso, que de nuevo cuenta con las dos ramas de Consultoría para su desarrollo, la técnico-especialista y la legal, todo ello a precios por hora notables.

El volumen de negocio local que eso genera es difícil de cuantificar, pero un breve paseo por el corazón de la City puede dar una cierta medida de ello. No es poco.

¿Quién paga todo ese barullo? La víctima más grande de esa situación son las propias empresas británicas, que pierden competitividad cuando se trata de salir al mercado exterior (no anglosajón y satélites). Sufren lo que se conoce como la parálisis del riesgo. Le dan infinitas vueltas a todo, lo miran por arriba y por abajo, y una vez mirado, lo vuelven a analizar. Todo lo que cae en el terreno de la incertidumbre (riesgo) lo valoran y contabilizan, y pasa a la columna de coste asociado a cualquier proyecto, llevándolo tres pueblos más allá de lo que hace cualquier multinacional francesa, alemana, italiana, española y hasta americana.

La aversión al riesgo bloquea las decisiones de inversión en ultramar y así se quedan, con la única excepción de las empresas petrolíferas, sobre las que tengo que investigar un poco más para entender cómo han superado esa frontera.

Las empresas locales son víctimas de su propio sistema hasta cuando se trata de competir por los contratos locales, y así grupos europeos copan los principales contratos de infraestructuras de todo tipo, ayudados por una estructura de licitación y contratación público-privada muy abierta y de gran transparencia.

Aquí no se veta a nadie según su origen, y eso es un rasgo que les sitúa otro siglo por delante del resto de Europa. Les criticamos por ser muy "suyos", y resulta que son los menos localistas y proteccionistas de toda la Unión. Cualquier empresa que sea capaz de demostrar sus capacidades donde sea del mundo, y que se avenga a aceptar y entender las reglas del juego competitivo, tiene su oportunidad en esta tierra, y eso los grupos españoles lo sabemos por experiencia (todas las corporaciones de construcción/servicios tienen contratos por aquí).

Un aspecto fundamental que al principio cuesta de entender es el del coste directo de las cosas. Uno aterriza aquí a estudiar una propuesta de inversión y a la media hora tiene la sensación de que "esto lo gano yo con la gorra" al aplicar los ratios habituales de otro país. Los prudentes desconfiarán de esa sensación y rascarán la superficie para entender dónde se equivocan, e inevitablemente acabarán en las garras de una de las Consultoras, que les dará un Master acelerado de modus operandi británico ante la boquiabierta y estupefacta mirada del foráneo de turno (entre los que me he contado en numerosas ocasiones).

Los ha habido, hay y habrá que no pasan por esa etapa de confirmación y se lanzan a degüello a por el contrato, acuciados por la falta de actividad en sus países de origen. Si el contrato lo pueden financiar con sus recursos propios están todavía más jodidos, ya que no tendrán la necesidad de acudir al sector financiero y su entramado de Consultorías asociadas. Si no hay grupo de Capital Riesgo, Fondo de Inversión o Banco detrás, la cantidad de preguntas y detalles sobre rentabilidad y riesgos será "la normal" y la empresa mantendrá su imbatible oferta económica que se situará a leguas de distancia de los competidores.

Si lo hay, lo que era un boyante negocio irá menguando a base de dar respuesta a los claroscuros con más recursos, más seguridades, y en definitiva más coste. Para esos agentes, aunque suene a chino, lo principal no es la rentabilidad sino la seguridad y certeza de que esa se va a producir, y no les vayas con monsergas de que "conoces al cliente" o que la última rebaja será "irrechazable" ya que de eso no quieren saber nada. Ese último apretón del "o todo o nada" no se aplica por ser demasiado arriesgado.

(Mañana seguimos)

@sninobecerra

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.




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