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¿Pero de verdad nos queremos salvar? “Tendrá que ser para mañana. Ahora es tarde…”

David Prandi Chevalier - Jueves, 26 de Julio

SOSSoy un pequeño empresario ; muy pequeño, con 4 empleados. Se trata de una clínica veterinaria.Y ayer necesitaba imprimir un póster para divulgar en mi establecimiento una propuesta de servicios veterinarios (tipo mútua) para tratar de facilitar a nuestros clientes el acceso a nuestros servicios con una módica cuota anual, dada la difícil situación que atravesamos todos. La cuestión es que tras preguntar en un primer establecimiento donde no podían atender mi petición por falta de maquinaria adecuada, éstos me remitieron a otra empresa hacia la cual me dirigí. Tras caminar más de media hora, accedo al local de esa imprenta y  explico lo que necesito: imprimir un póster de 70 x  50 cm en color. Entrego el pendrive y al buscar el archivo, aparecen en pantalla multitud de carpetas. Para agilizar el proceso, propongo a la señora que acceda a la información de otro modo.

Entonces reacciona a mi sugerencia  exclamando: “¡Todo se andará, todo se andará. Cada uno conoce su ordenador y cómo manejarlo!”. Acaba localizando el archivo y le comento: “ Me gustaría una impresión de tamaño 70x50 o algo menor”.


Su respuesta: “Tendrá que ser para mañana. Tenga en cuenta que dentro de media hora cerramos”.


Ante lo cual manifesté que pensaba que imprimir el póster requería seguramente unos minutos.


Su respuesta: “Tendrá que ser para mañana. Ahora es tarde.”


Entonces recuperé mi pendrive y me acusó de retirarlo del ordenador sin su permiso, y que eso era una falta de respeto.


Le contesté que así no saldríamos de ésta. Que me había sentido mal tratado (o maltratado) desde el “Todo se andará” del principio.


Un viejo tendero del barrio decía en tiempos de bonanza: “Hay poco paro: la mitad de los que tienen trabajo no se lo merecen”.


Otro ejemplo: en  mi clínica veterinaria, hace 1 mes que llamé a un cliente para facilitarle trabajo: arreglar 3 aparatos de aire acondicionado que funcionan mal. Y su empresa ha pasado de 5 a 1 empleado.


Me ha dado excusas 1 vez y no me ha contestado la llamada 2 veces. Y seguimos sin aire acondicionado.


Lo lógico a mi entender sería que quienes dan un mal servicio fueran expulsados del mercado, por los consumidores. Y que los que tratamos de espabilar tuviéramos premio.


Pero como nos necesitamos los unos a los otros, resulta mucho más difícil de lo esperado.


La frase emblemàtica que me me pone a temblar es: “No te preocupes, que...”. Correos no contestados, promesas incumplidas, esperas sin final. Y las cosas por hacer.


Necesitaríamos cambiar de actitud: necesitamos tener GANAS de hacer las cosas BIEN. Levantarnos y decir: HOY voy a hacer mi trabajo lo mejor posible, y además procurando transmitir mi entusiasmo a las personas con quien trate.Y luego lo demás llegaría. O costaría menos que llegara.


En mi ciudad, Barcelona, esto sólo he visto que suceda una vez en mis 52 años de vida: durante los Juegos Olímpicos de 1992. Un reto que todos asumimos como común. Y funcionó. Asumiendo responsabilidades con ilusión.




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