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¿Por qué se van los ingenieros?

Santiago Niño Becerra - Jueves, 08 de Septiembre Hace algunos días recibí un mail; su "˜Asunto"™ es el título de hoy. Léanlo con cuidado. (Ya: las cosas cambian tan rápido que lo que ayer era gris perla, hoy es gris marengo y mañana será negro, pero en fin).

“Llevo tiempo leyendo su carta en lacartadelabolsa.com, y el tema de la fuga de capital humano ingenieril me toca de cerca, así que voy a describir lo que sucede y, me creo, romper una lanza en su favor, o quizá más de una. Y es que me parece que se obvia demasiado.

El problema es el siguiente: el ingeniero superior en este país está sobre preparado para el tejido industrial existente. Salvo algunas multinacionales o grandes empresas, ninguna otra necesita un profesional así, y aquellas tampoco los necesitan en demasía.

Lo primero que ve un ingeniero al salir al mercado de trabajo es lo siguiente: Empresa controlada férreamente bien por el empresario original, ya mayor, o por sus sucesores sin formación relacionada, con un producto ya establecido y procesos consuetudinarios no registrados.

Aquí el ingeniero simplemente sobra ya que contratar a alguien así implica darle el control para que modernice, registre procesos, ordene, inicie actividades de investigación, plantee posibilidades, mejoras, haga preguntas, etc.. Algo que nunca sucederá ya que el empresario prefiere que las cosas sigan como están. Si funciona, ¿para qué tocarlo?, el problema es que las empresas se constituyeron en una época en la que se carecía de tejido industrial y, salvo que se hiciera rematadamente mal, salían adelante porque no había competencia, pero las empresas necesitan retoques, reglajes para aumentar su eficiencia y, además, llega competencia del exterior. Como no se modernizan queda el siguiente dicho “el abuelo funda, el padre mantiene y el nieto funde”.

Entonces el panorama es el siguiente: ingeniero joven, sobre preparado, infra pagado, con nulas expectativas de poder hacer algo en la empresa en la que está (se ha dado cuenta al mes de estar), con un contrato de oficial de 3ª y negándose a ver cómo se pisotean la lógica empresarial y las buenas prácticas que su formación le ha dado. Solución, irse a algún país donde les importe algo o a la Administración:

- La Administración queda para los que los idiomas no son lo suyo, ahí estamos bastantes (cada vez más) incluso con el título de Doctor y varias patentes funcionando, pero gestadas en la universidad y que han servido para conseguir la jefatura de departamento del que organizaba el cotarro, sufriendo el olvido justo después.

- Alemania o donde se pueda, para aquellos que ya fueron de Erasmus o son más duchos en idiomas. Y creedme, no volverán.

Y para los que digan que es una fuga de capital humano, económico, etc. de España, pues así es. Pero que no se preocupen mucho, que esto se acabará, las reformas educativas van en ese sentido, la fama del ingeniero español se agotará. Y es que, mi generación, la más formada de las que ha habido, se ha enfrentado con la realidad de un país atrasado incapaz de absorberlos y aprovechar la inversión realizada en ellos. Por lo tanto, como debía ser que el sistema educativo no era bueno, ya que no se precisa gente formada, las siguientes reformas han aumentado el fracaso escolar produciendo la masa que, bien entrenada en tareas simples hará las delicias del empresario aquél que sabía tanto y al que el ingeniero joven molestaba con sus preguntas y observaciones.

Pero todo esto es lógico: se intentó modernizar un país a base de libro porque es lo más barato, el plan fracasó y quedó una generación inservible para trabajar en el tajo, así que se abandona la vía de la excelencia académica y se utiliza mano de obra foránea para proseguir las tareas habituales del país. Ahora, ¿qué se hace con el que queda?, ¡que se busque la vida!, y se la buscará y muy bien.

Es más, mi consejo de ingeniero para el que se lo piense es que no mire atrás que nadie le mirará, que aquí sobra y que buen viaje y buena suerte.

En este texto hay experiencias propias, de compañeros y de amigos, y me callo muchas de mis experiencias que demuestran hasta qué punto se pueden llegar a hacer las cosas mal en una empresa porque entraría en el terreno del ¿humor?”.

Mi respuesta:“Entiendo que es Ud. Doctor en Ingeniería. ¿Industrial?. ¿qué especialidad?”.

Su respuesta, demoledora:

“Yo no soy el Doctor en Ingeniería, tengo un familiar y compañero de carrera que sí lo es, y por eso sé de sus intenciones y situación. Yo soy ingeniero industrial a secas, especializado en Organización Industrial y con estudios posteriores en logística y comercio exterior. Unas 700 horas de formación adicional. Pero actualmente estoy en la docencia en educación secundaria.

Sí, realmente el nivel de desempleo era nulo y hoy en día es muy bajo pero las condiciones han ido empeorando con el paso del tiempo, es decir, el subempleo ha aumentado, y mucho. Mi opinión: oferta y demanda, aumento espectacular de titulados fruto de un buen nivel educativo, desacople de la economía del país con dicha subida, la sobreoferta de ingeniero y la subsiguiente aceptación de condiciones cada vez peores.

Hay un hecho que lo refleja: en la comida del colegio de ingenieros solemos llegar al restaurante aquellos que no vamos a la misa precedente, la juventud. Con coches baratos, alguno destartalado y también alguno bueno. Esperamos en el aparcamiento contándonos qué tal la vida haciendo hora para el aperitivo. Y entonces llegan los mayores, Mercedes, BMW y demás marcas de lujo, y bajando de categoría según baja la edad. Todos sabemos que los tiempos de los muy mayores acabaron y para emular a los de mediana edad hay pocos puestos y estamos demasiados.

Le voy a contar un poco de mi historia, no voy a hacerla larga, pero igual esto explica todo:

Ingeniería industrial, de los más de 600 que entrábamos al año en (nombre de una ciudad española con universidad) sólo salían unos 80, no había competencia entre alumnos, simplemente mucha camaradería para poder sobrevivir. Era muy duro. Yo no me puedo quejar, sería responsable logístico o profesor, para ello nunca dejé uno de los dos caminos hasta que lo tuve claro. Pero en la universidad todos me decían que estaba loco por plantearme ir a la docencia.

Al terminar estaba al tanto de la colocación de muchos de mis compañeros. Prácticamente todos tardamos varios meses, y los puestos solían ser malos. Además, por aquella época (2005) se puso de moda la oferta de “becas” por parte de las empresas, con lo que acababan ofreciendo entre 400- 700 euros a un ingeniero. Ilustrativo es lo sucedido a un amigo mío ingeniero informático que le ofrecieron para trabajar una beca de escaso importe y, cuando hizo la observación de que le parecía bien estar así dos meses le dijeron que las “becas” tenían una duración bastante mayor. No aceptó y está de investigador en la universidad, lo cual tampoco da para mucho al principio y es jugártela a tener tu plaza en un futuro o salir de allí, pero ya lleva tiempo y va engranando un contrato tras otro.

Puede parecer curioso pero, mientras la construcción tiraba y hacía falta mano de obra, el resto de sectores mostraba su desacople con la realidad formativa de la juventud. 

Encontré trabajo en un almacén eléctrico. Responsable de almacén perfil ingeniero, unos 1.100 euros, no estuve mucho tiempo, salí espantado y encima las conversaciones con los compañeros sólo me corroboraron que, más o menos, era así en casi todas las empresas pequeñas y medianas. Por supuesto, no me dejaron ni organizar aquello de forma eficiente, realmente el almacén les daba igual, me querían de mozo de almacén para sacar trabajo, pero estaba todo tan mal organizado que no se llegaba.

Una vez dedicado a la docencia (aún sigo a nivel interino haciendo puntos) buscaba incluirme en listas de diversas especialidades. Cuando se acaba o está a punto de agotarse una lista de interinos, se realizan pruebas de conocimientos para incrementar su número. Conforme pasaba el tiempo, y antes de que se declarara la crisis de forma oficial, éstas aumentaban en participantes y, por desgracia, empecé a encontrarme con compañeros de carrera. Ahora los veo en las oposiciones habiendo fingido estar enfermos en sus respectivos puestos de trabajo, esperando entrar en listas y salir de la empresa en cuanto les salga una vacante para trabajar un tiempo más o menos largo.

Es decir, el subempleo antes existía, pero en mi época era casi obligado y sin expectativas claras de cuándo se iba a terminar.

Si bien es cierto que el ingeniero industrial igual vale para un roto que un descosido y mucha gente va tirando en puestos que no corresponden a la espera de ofertas mejores, en otras ramas de la ingeniería la situación es mucho peor.

Resumiendo: Exceso de ingenieros + realidad industrial pobre= condiciones no acordes a la formación = emigrar”.

Lo que decía: demoledor. Y añado algo que, conversando sobre el tema siempre digo: cuando en un país pasan cosas como estas algo pasa en ese país.

Por qué se van los ingenieros. La pregunta: tal y como están las cosas, ¿se van a continuar yendo?.

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

@sninobecerra

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.




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