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¡Qué difícil es no hacer nada!

Carlos Montero - Miercoles, 14 de Febrero

Las bolsas de todo el mundo han sufrido unas jornadas de extrema volatilidad, con caídas históricas y rebotes no vistos desde hace años. En el caso del mercado estadounidense por ejemplo, hace algo más de una semana sufrió la mayor caída en puntos de su historia, para luego, el pasado viernes y lunes mostrar los dos días más alcistas desde 2015.

Las correcciones del 10% desde los máximos, como las que hemos vivido, no son infrecuentes. El S&P 500 sufre un promedio de una de estas caídas cada 3 años aproximadamente. Estas caídas, en la mayoría de las ocasiones, son simplemente un alto en el camino antes de seguir ascendiendo. Por tanto, parecería que la estrategia más lógica para un inversor que ya tiene su cartera e largo plazo es "no hacer nada". No deshacer posiciones en los abruptos descensos, ni realizar cambios no previstos en las carteras intentando deshacerse de aquellos valores con mayor perfil de riesgo. Los datos históricos muestran claramente que la opción más rentable es "no hacer nada".

Pero es muy difícil "no hacer nada". El sesgo de acción es algo innato en el ser humano. Los analistas de Psyfi Search ponen dos ejemplos para ilustrar esta dificultad que tenemos para no caer en el sesgo de acción:

Según los datos futbolísticos, en un penalti los porteros se lanzan a la derecha o a la izquierda en el 94% de las ocasiones. Adivinan correctamente la dirección el 40% del tiempo, y paran la falta máxima en el 13% de las ocasiones. Ahora bien, si los porteros no se movieran en absoluto, sus posibilidades de parar el penalti subirían del 13% al 33%.

Los entrenadores de porteros saben estos datos y se los transmiten a los guardametas, sin embargo, el sesgo de acción es tan fuerte que siguen decantándose por uno de los lados la inmensa mayoría de las ocasiones.

La explicación psicológica es que un gol de penalti anotado produce peores sentimientos a un portero si se ha quedado en el medio, que si decide tirarse hacia uno de los lados, aunque la probabilidad de pararlo si no se tira es casi el triple.

Pongamos otro ejemplo. Cuando nos enfrentamos a un atasco, rara vez permanecemos inactivos. Los conductores cambian de carril constantemente, intentan atajar por los polígonos industriales, buscan carreteras alternativas sin saber muy bien si ahorrarán o no tiempo. Por lo general, quedarse en el sitio es la mejor opción en un atasco, sin embargo, pocas veces se hace esto.

Este sesgo de acción también explica el comportamiento de los inversores en determinadas ocasiones, como es el caso de las caídas a las que hacíamos antes referencia. En situaciones estresantes y complejas, como cuando los mercados caen bruscamente y comienzan a rebotar como un maníaco depresivo en un trampolín, no hacer nada es a menudo la opción más sensata.

Es cierto que en caso de que se inicie una tendencia bajista cuando finalmente nos decidamos a vender lo haremos a un precio más barato, pero también lo es que un cambio de tendencia mayor pasa en muy raras ocasiones, por lo que será mayor la probabilidad de que se retomen los ascensos en un plazo razonable.

Parece un consejo algo extraño viniendo de un analista de mercado pero los datos son claros: Cunado la situación se enloquezca, la opción que tiene más probabilidad de acertar es "no hacer nada".




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