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Santiago Niño Becerra - Martes, 05 de Enero

El 9 de Abril del año 2014 publiqué aquí un texto que llevaba por título “El futuro del empleo”. Las cosas evolucionan muy deprisa y en aquellos momentos conceptos como la producción aditiva y la robótica colaborativa no estaban tan extendidos  como lo están hoy, ni se hablaba tanto de paro estructural y de subempleo forzoso como hoy se habla. Pienso que el texto es hoy aún más actual que hace un año y ocho meses cuando lo publiqué. Aquí lo tienen.

El texto de hoy es fuerte, muy fuerte; duro, muy duro; descorazonador, en muchos aspectos; pero confirma algo que se lleva diciendo con cada vez más claridad desde que en 1996 Jeremy Rifkin publicó su obra “El fin del trabajo”: que el futuro del empleo tal y como lo hemos conocido es muy oscuro. Lo que vamos hacer hoy es analizar un gráfico que aparece en un reciente (17.09.2013) y demoledor informe: “The Future of Employment: How Susceptible are Jobs to Computerisation?”, cuyos autores son  Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne. Si no están sentados, siéntense. (Y si pueden echen una ojeada al informe: http://www.oxfordmartin.ox.ac.uk/downloads/academic/The_Future_of_Employment.pdf ).

De entrada LA cifra. Lo que han hecho los autores es coger toda la población ocupada USA y calcular por profesiones, y en un horizonte de entre diez y veinte años, la probabilidad de que el trabajo que realizan sea objeto de automatización / robotización / computarización; es decir que sea llevado a cabo por un elemento no humano, bien aisladamente, bien asistido por otros elementos no humanos o por algunas de sus partes. Bien, pues en un horizonte comprendido entre el 2025 y el 2035, el 47% de la población ocupada USA se hallará en un riego muy alto de que el trabajo que desempeña sea realizado por un elemento no humano.

En el gráfico adjunto se detalla lo expuesto.

 

 

Como las profesiones se hallan diferenciadas por colores, es fácil distinguir qué empleos serán aquellos que más serán afectados por la computerización. Pero en una profesión, no todos los trabajadores en ella ocupados tienen idéntica probabilidad de ser sustituidos, la probabilidad dependerá del tipo de tarea que realicen, del valor añadido que aporten, del grado de conocimientos requeridos para realizarla, … De ahí que para cada gama de profesiones hayan tres probabilidades de afectación: el ya referido 47% con una muy alta probabilidad de sustitución, el 19% de los trabadores con una probabilidad media, y el 33% con una probabilidad reducida.

Y, claro está, los salarios pagados y el nivel de  titulación requerida cae dramáticamente en función de la probabilidad de que el empleo sea sustituido por elementos no humanos.

 

 

(Entre las páginas 57 y 72 del referido informe, una pormenorizada lista de trabajos junto con la probabilidad calculada de sustitución. ¿Con el 99% de probabilidad? Varias, como Agentes de Cargo y Fletes). 

Demoledor, ¿verdad?. Por sí mismo y por implicaciones y consecuencias que algo así tiene: sociales, personales, familiares, económicas, en la recaudación fiscal, en la sanidad, en la educación, … Un escenario como ese no puede darse el modelo que hasta ahora hemos tenido, lo que es lógico porque la crisis sistémica que estamos viviendo es la manifestación del agotamiento de tal modelo. Pero lo que viene ahora no supone ir-a-mejor, al menos no para la inmensa mayoría de la población. Supone una pérdida en el estándar de vida personal, un retroceso en el bienestar; la polarización social entre la élite y el resto. Otro modelo, en definitiva, con otra realidad.

@sninobecerra

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.




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