La Carta de la Bolsa Imprimir Artí­culo

LOS BONOS Y LA MUJER DE LOT

Jueves, 10 de Febrero de 2005 Moisés Romero

{mosimage}Hay voces que desafinan en el coro que canta las excelencias de los mercados de acciones para este año. La de los bonos es la más clamorosa. Los tipos a largo han situado su rentabilidad en mí­nimos históricos, insensibles a la lluvia de expectativas de mejora en el crecimiento económico en Estados Unidos y de la revisión al alza de la previsión de beneficios empresariales. O los bonos se han convertido como la mujer de Lot, en estatuas de sal por retener la vista en el pasado, o, sencillamente, miran para otro lado, incrédulos ante lo que se anuncia. Puede ser también, que los grandes traders no quieran mover ficha por si el castillo se cae y se lleva medio mundo por delante. Todo es posible.

Los observadores más finos miran con inquietud el desarrollo de los acontecimientos en los mercados de bonos debido a la pasividad que manifiestan desde hace varios meses. Desde siempre, el alza de las acciones ha sido directamente proporcional a la caí­da de los bonos (rentabilidad al alza) y al revés. En la actualidad, el alemán de referencia a 10 años arroja el nivel más bajo de rentabilidad de la historia, en lí­nea con el resto de los grandes bonos del Estado que se negocian en el mundo. Con el alza acumulada de la Bolsa desde mediados de agosto de 2004, la rentabilidad deberí­a haber subido de manera considerable. Pero no es así­.

Además de incorporar al precio la subida explí­cita de las Bolsas, los bonos deberí­an haber reaccionado con celeridad a la presentación de los presupuestos en Estados Unidos, al mejor posicionamiento del dólar en los mercados de cambio, precisamente por este hecho, y, como razón de mucho peso, a la continuada escalada de los tipos de interés oficiales en Estados Unidos, que continuará en el tiempo, aunque de forma menos agresiva de lo que hasta hace poco esperaban algunos sectores del mercado.

La insensibilidad de los bonos refleja, ante todo, incredulidad. Niegan la mayor, es decir, consideran que la economí­a de Estados Unidos no crecerá al ritmo que se pregona ahora; que tampoco van a subir los excedentes empresariales en las tasas que se preconizan; que el espí­ritu de los consumidores estadounidenses no se va a animar de modo desaforado y que el dólar, en fin, tarde o temprano volverá a sucumbir, porque los presupuestos que se han presentado en Estados Unidos apuntan muchos interrogantes para su cumplimiento, en el supuesto de que fueran aprobados por las Cámaras.

Puede suceder también, que los bonos hayan hecho caso omiso a las advertencias de los dioses de la Bolsa y que al volver la vista atrás se hayan quedado convertidos en estatuas de sal y, por tanto, sin capacidad de reacción ante el futuro que viene. Es decir, cabe considerar que estén atrapados e inmovilizados en el pasado. Puede suceder también, que los grandes traders no se atrevan a poner los pies en el suelo, porque se pueden hundir el mundo a sus pies. Hace tiempo que se viene hablando de la gran burbuja de la renta fija, que tiene atrapados a miles de bancos y financieras. Movimientos bruscos podrí­an provocar un seí­smo de consecuencias incalculables. Mejor no enfatizar en esta proyección.

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