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Los griegos regresan al campo

Viernes, 15 de Junio de 2012 Reuters

Trece años después de abandonar la Grecia rural por una carrera en diseño gráfico, Spiridoula Lakka se encuentra en el último lugar donde esperaba estar: regando un huerto de lechugas y hierbas en su tranquilo pueblo.

Mientras Grecia se hundía en su mayor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial, Lakka ya había abandonado su sueño de convertirse en diseñadora web. Incluso ser camarera parecía imposible. Se enfrentó, pues, a una decisión sencilla: quedarse sin dinero en Atenas o volver al pueblo donde creció planeando su huida.

A los 32 años, Lakka, administrativa y que también ha tenido empleos diversos, se sumó a los cada vez más griegos que vuelven al campo con la esperanza de vivir de la tierra. Es el camino inverso que hicieron sus padres y abuelos en los años 60 y 70.

Hay pocos datos sobre cuánta gente podría haber hecho este recorrido, pero mientras un pueblo enfadado por la austeridad se prepara para votar el 17 de junio, los datos anecdóticos y entrevistas con autoridades sugieren que la tendencia está ganando fuerza.

En una encuesta de Kapa Research realizada a casi 1.300 griegos en marzo, el 68 por ciento dijo haber considerado mudarse al campo, citando sobre todo una vida más barata y de mejor calidad. La mayoría esperaba mudarse de forma permanente.

"Hace un año, no podía imaginarme con una azada, o haciendo nada de agricultura", dijo Lakka mientras regaba las hierbas que cultiva en el pueblo de Konitsa, situado entre las cimas nevadas cerca de la frontera albana.

"Siempre he querido salir del pueblo. Nunca me imaginé que en realidad pasaría toda mi vida aquí", dijo.

Su experiencia ha estado lejos de los idílico. Los que nunca salieron del pueblo ven la llegada de jóvenes griegos urbanitas con una mezcla de lástima y esperanza.

"Los que han vuelto están desesperados. No vuelven porque quieran", dijo Stefanou Vaggelis, de 50 años y propietario de una destilería, mientras bebía tsipouro -un fuerte licor apreciado por los locales- con sus amigos en el centro del pueblo, salpicado de tabernas.

A juzgar por las preguntas que ha recibido de urbanitas de vacaciones, Vaggelis calcula que hasta 60 personas se mudarán a Konitsa, donde en torno a la mitad de sus 3.000 habitantes tiene 60 años o más.

"Normalmente preguntan si hay subvenciones del estado para la agricultura y para cultivar granadas y hierbas aromáticas o criar caracoles", dijo, recordando como un amigo de 40 años había vuelto para pastorear ovejas en las colinas. Los agricultores griegos suelen tener pequeñas explotaciones y depender de subvenciones de la Unión Europea para sobrevivir. Se quejan de que en los últimos cincos años, las subvenciones se han reducido a la mitad.
Tremendo interés

En la ciudad norteña de Tesalónika, una escuela para agricultores dice que las solicitudes para su programa de instituto se han triplicado este año. También las clases de fabricación de queso o apicultura se llenaron con rapidez en la Escuela Agrícola Americana, fundada en 1904 por un misionero estadounidense que quería enseñar habilidades prácticas. Sus cursos van desde preescolar a adultos.

Es tradicional que las familias griegas tengan fincas o tierras en sus pueblos nativos, a menudo dedicados al cultivo de fragantes olivos, limoneros o naranjos, o una colorida mezcla de verduras y tomates.

Para los que vuelven, la vida rural promete vivienda sin pagar alquiler, cultivos en el jardín para poner comida en la mesa y apoyo de una red de parientes y amigos. La encuesta de Kapa mostraba que la mayoría de la gente contaba con la ayuda de amigos y familiares.

Hasta ahora, el campo griego era sobre todo un lugar del que los jóvenes escapaban. El atractivo de los trabajos de ciudad atrajeron una ola de migración a centros urbanos tras la Segunda Guerra Mundial. En las tres décadas hasta 1981, la población de Atenas aumentó en más del doble hasta los 3 millones de personas.

Hoy, la capital griega sigue acogiendo a unos 4 de los 11 millones de habitantes del país, pero ya no es un imán para los jóvenes y ambiciosos. El desempleo en Atenas, del 22 por ciento, está por encima de la media nacional. Los indigentes salpican las calles y los pobres buscan en la basura. En los escaparates de tiendas cerradas se ven carteles de "Se alquila".

Sin embargo, ajustarse a la vida en el campo no es fácil.

Tras un intento de reformar la cafetería de la gasolinera del pueblo, Lakka acabó cultivando hierbas. También atiende varias colmenas, y espera poder vender sus ramos de salvia, ortiga y menta en un quiosco junto a la carretera.

No hay certidumbre de un final feliz. Pero lo que sí sabe es que Atenas no le dejó muchas opciones.

"Aún tengo dudas, aunque de lo que oigo por amigos en Atenas, tomé la decisión correcta" dijo. "Las cosas se han vuelto demasiado difíciles allí, y ellos también quieren marcharse".

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