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LA NOVEDAD ES QUE NO HAY NOVEDADES

Moisés Romero - Miercoles, 20 de Abril
{mosimage}Los viejos bolsistas parisinos decí­an hace muchos años que la ausencia de noticias era la mejor noticia para los mercados, siempre a la expectativa, sobresaltados a la espera de que algo exógeno truncara su bienestar y echara por tierra de un plumazo lo conseguido con paciencia y riesgo. En la actualidad, la consideración que hacen los mejores gestores del mundo es la contraria, de tal modo que la ausencia de noticias causa desazón, incluso miedo al futuro. Dicho de otro modo, la ausencia de novedades en los mercados respecto a las previsiones formuladas a final del año pasado resaltan el peligro de la inactividad de Gobiernos y Administraciones en lo que respecta a la corrección de unos desequilibrios económicos que cada vez más se antojan endémicos.
Los gestores más dinámicos han movilizado todos sus efectivos en los últimos dí­as con el objetivo de desmenuzar y analizar con detenimiento la sacudida reciente de los mercados de acciones. Las primeras conclusiones son que no se han producido en el seno de los mercados condicionantes desconocidos y que las causas aparentes que han provocado que la manada corra despavorida, arrasando todo lo que han encontrado a su paso, ya estaban asumidas desde hace tiempo.

No hay novedades aparentes en el escenario actual de los mercados de acciones. Desde finales de 2004 se apostó, como consenso, por que los resultados empresariales en Estados Unidos, para la mayorí­a el aguijón que se ha ensañado en el lomo de las Bolsas, crecerí­an este año entre el 8% y el 10%, porcentajes placenteros; entonces, por cuanto la base de comparación de los últimos años es raquí­tica dados los escándalos contables y financieros en Estados Unidos y el estallido de la burbuja de los valores tecnólogicos.

Tampoco hay novedades en materia de dinamismo económico. Salvo algunas arbitrariedades en las encuestas de consumo de los consumidores, la economí­a de Estados Unidos mantiene un perfil aceptable a la vez que Japón no logra enderezar el rumbo como gustarí­a a los expertos y la zona euro sigue donde estaba, en su particular estado de bienestar. Como se esperaba, es el sudeste asiático es el más dinámico.

En el capí­tulo monetario, la novedad relativa es que el dólar ha hecho un corte de mangas a especuladores y agitadores y que, lejos de hundirse, al menos por ahora, ha recuperado la fuerza relativa que perdió a finales del año pasado. En este apartado, el yuan, hoy como ayer, sigue sobrevalorado y sin corregir su situación.

Los tipos de interés mantienen el rumbo previsto, con subidas continuadas, pero sin estridencias. Las burbujas inmobiliarias y de renta fija siguen hinchadas, enormes y con la amenaza de estallar. Lo mismo sucede con los déficits gemelos en Estados Unidos y el desorden presupuestario, falta de rigor, en la zona euro. También, en las amenazas geopolí­ticas, incluí­do el roce intenso de última hora entre China y Japón.

Es decir, no hay novedades. Esa es la novedad, que en este momento, a diferencia de otras situaciones anteriores, provoca desazón entre los inversores, por la creencia de que el tiempo pasa y lo que tení­a que haber sido corregido no se corrige y que lo que es susceptible de empeorar empeora. Osea, miedo al futuro.

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Moisés Romero




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