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“La guerra de divisas indica que la volatilidad ha venido para quedarse…”

John J. Hardy, Estratega de divisas, Saxo Bank -  Viernes, 08 de Febrero

divisasSí, la volatilidad ha vuelto a las divisas y parece que esta vez ha vuelto para quedarse y, todo ello, porque el mundo de la inversión ha tenido un momento de inspiración: en una época de divisas sin ningún respaldo y con una demanda debilitada, el país que más devalúe su moneda será el rey. Con la llegada al gobierno en Japón el pasado mes de diciembre del Partido Liberal Demócrata (LDP) arrancaron las guerras de divisas en todo el mundo... ¿Alguien puede permitirse quedarse fuera? Tras los tremendos movimientos de finales de 2008, la volatilidad de los mercados de divisas volvió lentamente a rangos más normales con la salvedad de algún desliz entre 2009 y 2011. Más adelante, en 2012, la volatilidad abandonó definitivamente el mercado, por lo que hacia finales de año, los rangos de cotización volvieron a niveles que no se veían desde los tiempos más complacientes de la burbuja crediticia de 2006-07. En algunos casos, como ocurrió con el par libra-dólar estadounidense y el par dólar estadounidense-dólar canadiense, los rangos de cotización se acercaron o llegaron a marcar mínimos de décadas.

La mayor parte de los analistas se han apresurado a explicar la baja volatilidad como el resultado de la desaparición de los diferenciales de tipos de interés, con la moneda de más alto rendimiento del G10, el dólar australiano, registrando un tipo diario de tan solo el 3,00%. Incluso los bancos centrales de mercados emergentes han comenzado a recortar tipos para impulsar sus economías nacionales. Mientras tanto, al parecer, los bancos centrales han retirado todos los riesgos sistémicos en su esfuerzo por estar siempre presentes aquí, allí y en todas partes para evitar que cualquier tipo de riesgo negativo se cierna sobre los mercados con un suministro de liquidez sin límites.

Asimismo, a mediados de noviembre del año pasado, llegó el anuncio de las elecciones japonesas, que rápidamente situó el punto de mira en el partido candidato de la oposición, el LDP, y su retórica agitadora sobre debilitar el yen, que en gran parte se disfrazó de esfuerzo para "derrotar a la deflación". Desde entonces y desde la toma de posesión de Abe, el yen ha registrado una sorprendente bajada del 17% frente al dólar estadounidense y de más de un 20% frente al euro en menos de tres meses. Al mismo tiempo, el BCE ha dejado una parte demasiado grande de su balance en manos de los bancos, que se han aprovechado de la protección del BCE para saldar antes parte de sus provisiones de liquidez de emergencia. Esto ha llevado a que el euro haya subido más aún este año. Por lo demás, la libra esterlina se hunde en el abismo ante la perspectiva de la llegada del nuevo gobernador del Banco de Inglaterra, Carney, y la posibilidad de un nuevo capítulo de caos monetario para este verano. El dólar australiano y el canadiense también se están revolviendo. No obstante, esto es solo el principio, veremos mucha más acción en las divisas a lo largo del año.

Japón ha sido el primero en mover ficha con su manifiesta elevación de la política monetaria a asunto de vital interés nacional. Si bien es algo bastante comprensible, en una economía global y, en particular, en una acorralada por la débil demanda y la sobrecapacidad, este gesto no deja de ser una agresión económica internacional que tendrá repercusiones. Se está librando la guerra mundial de las divisas.

A partir de este momento, son dos los factores principales de la volatilidad de las divisas. En primera instancia, la politización de los bancos centrales, algo que, en apariencia, todavía está entre bastidores en Japón pero que es ya inminente en el país vecino: el Banco de Inglaterra podría ser el próximo en cualquier momento tras la llegada de Carney si finalmente salen adelante sus nuevos esfuerzos radicales para ayudar al Reino Unido a alcanzar "velocidad de escape". La politización llega de la mano del reconocimiento, cada vez mayor, de que los bancos centrales son los que ejercen el máximo poder sobre la divisa de un país y su economía, unas competencias que los gobiernos nacionales preferirían atribuirse habida cuenta de que los votantes reclaman mejoras y piden responsabilidades a sus líderes políticos.

A corto plazo, el catalizador más específico de la volatilidad de las divisas será la respuesta internacional al último movimiento drástico de Japón. Abróchense los cinturones y observen el ascenso de la volatilidad y las oscilaciones abruptas en el mercado de divisas a partir de ahora. El mercado se encuentra inmerso en una transición incómoda desde el paradigma anterior, que consistía simplemente en aumentar el precio de los activos de riesgo, en base a la teoría de que los bancos centrales darían siempre carta blanca, al nuevo paradigma impulsado por consecuencias que se derivarían de las guerras de divisas mundiales si todos los países se apuntan a esta tendencia agresiva para llevar la voz cantante en esta lucha en el lodo de la devaluación competitiva. A largo plazo, es probable que todas las divisas pierdan valor, salvo por la auténtica divisa: el oro. No obstante, los vaivenes que van a producirse en su andadura pueden ser un espectáculo digno de ver.

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