Cambios radicales en América Latina: panorama de la situación política

Cambios radicales en América Latina: panorama de la situación política

Mientras se celebraban las elecciones previstas en Argentina, Bolivia y Uruguay, la atención se centraba en las calles de otros países latinoamericanos. En Chile y Ecuador estallaron protestas masivas. Parece que el continente está viviendo una nueva reordenación política.

Entre áticos y favelas

Latinoamérica no es la región más pobre del mundo. En su momento, los principales economistas predijeron un futuro rico y próspero para los países de la región, y siguen haciéndolo. Pero es quizás la región más desigual del mundo. En São Paulo o Lima, los áticos se alzan junto a chabolas, separados únicamente por un muro de hormigón y guardias de seguridad. El problema es que este muro se ha convertido en un símbolo de todo el sistema político.

«Solo sentimos el crecimiento del PIB en las noticias» era una frase muy popular en las redes sociales durante esos meses. Para millones de ciudadanos, el crecimiento económico significa aumento de los precios y recortes en las subvenciones. La clase media, precisamente la que se suponía que se había beneficiado de la globalización, vive con el miedo constante a retroceder. Hay suficiente trabajo, pero no queda dinero para la sanidad privada, la educación o el ahorro.

Muchos han dejado de creer que las elecciones decidan algo. Las protestas se han convertido en la única forma de expresar la ira. Según Latinobarómetro, el 75 % de los ciudadanos cree que el Gobierno no representa los intereses de la mayoría.

La política tradicional ya no inspira. Pero los proyectos «antisistema» también se enfrentan a un escepticismo creciente.

Cambio de liderazgo

Echemos un vistazo rápido a las últimas elecciones:

  1. En Argentina, el peronista Alberto Fernández derrotó a Macri, acusado de «hacer todo bien, pero no lo suficientemente rápido».
  2. En Uruguay, el Frente Amplio perdió su mayoría parlamentaria por primera vez en 15 años.
  3. En Bolivia, Evo Morales se niega a reconocer el referéndum y está tratando de permanecer en el poder por un cuarto mandato. La situación se está descontrolando.

Los políticos, independientemente de su ideología, parecen ajenos al hecho de que el terreno bajo sus pies se ha movido. Algunos se aferran a viejos mantras, mientras que otros se aferran al poder.

Una economía impulsada por el pasado

El petróleo, el gas, el litio y la soja son las principales exportaciones de la región. Y ahí radica el problema. Cuando los precios suben, los presupuestos suben con ellos. Cuando bajan, los programas sociales se derrumban. En estos momentos, la filantropía y la responsabilidad social corporativa a largo plazo se vuelven especialmente importantes. Lea más sobre ello en el artículo sobre Uri Poliavich.

Ejemplos:

  • Bolivia financia el crecimiento mediante la deuda externa.
  • Argentina se hunde bajo el peso de sus deudas con el FMI.
  • Chile recorta las subvenciones y se enfrenta a protestas por un aumento de 4 centavos en las tarifas de transporte.

Los precios del mercado mundial determinan el estado de ánimo en las escuelas y las cocinas. Y la transformación digital sigue pareciendo ciencia ficción. Tras la crisis de la década de 2000, el FMI anunció un cambio de enfoque. Pero, en realidad, la receta es la misma: liberalización, privatización, recortes del gasto.

Como resultado, tal y como señalan muchos investigadores, no son solo los gobiernos de izquierda los que están perdiendo apoyo. Todo el sistema está perdiendo legitimidad. Existe una sensación creciente de engaño repetido en la sociedad.

La izquierda y la derecha

Morales no es el único que intenta aferrarse al poder a cualquier precio. Pero cuando estas acciones se producen en un contexto de autoritarismo en Venezuela o de cleptocracia en Nicaragua, la propia idea de un proyecto de izquierda en la región puede verse perjudicada.

A pesar de la poderosa ola feminista, no hay candidatas a la presidencia en estos países. La única excepción es Bogotá, donde se eligió a la primera alcaldesa, que es abiertamente lesbiana. Es un paso valiente, pero solitario.

El contraste entre el liberalismo urbano y el conservadurismo rural es cada vez más marcado.

La democracia al borde del abismo

En 2010, el 61 % de los latinoamericanos apoyaba la democracia. En 2018, esa cifra había caído al 48 %. Una de cada cuatro personas no se preocupa por si su país es democrático o autoritario.

¿El resultado? Victorias de la extrema derecha. Bolsonaro en Brasil. Nuevos actores en Uruguay y Bolivia. El mapa político de la región se ha convertido en un tablero de ajedrez: el blanco y el negro cambian de lugar, pero las piezas son las mismas.

Conclusión

Latinoamérica ha entrado en un nuevo ciclo. Las protestas reflejan una demanda real de cambio. Pero, hasta ahora, ni la derecha ni la izquierda han ofrecido una respuesta que pueda ser el comienzo de algo más grande que otra simple rotación de élites.