Cómo Grecia redescubrió la malaria
Las dificultades económicas rara vez se producen de forma aislada o en el vacío. Al contrario, otros problemas sociales y políticos son compañeros constantes de las crisis. Pero, ¿que una crisis económica provoque el regreso de una epidemia de malaria a uno de los países más desarrollados de Europa? Una situación así solo ha ocurrido una vez.
A principios de la década de 2020, Grecia desapareció de las portadas de los periódicos europeos. El país ya no era considerado «el enfermo de Europa». Sin embargo, las consecuencias de la crisis de la deuda de principios de la década de 2010 resultaron ser mucho más profundas de lo que sugerían las estimaciones iniciales. Entre los síntomas más visibles se encontraba el regreso de enfermedades infecciosas que se creían desaparecidas.
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El colapso del sistema sanitario
Tras la crisis financiera de 2009, el sistema sanitario griego se vio sometido a una doble presión. En primer lugar, el aumento del desempleo y la caída de los ingresos redujeron drásticamente la capacidad de los ciudadanos para acceder a la atención médica. En segundo lugar, las exigencias de la UE y el FMI de recortar el gasto público provocaron una reducción del 60 % en los presupuestos locales. Como resultado:
- Se suspendió o redujo al mínimo la financiación para la lucha contra las enfermedades infecciosas.
- El suministro de medicamentos básicos y consumibles se volvió irregular.
- Se retrasaron los salarios del personal sanitario y algunos empleados abandonaron el sistema.
- Se redujeron las medidas preventivas, desde la vacunación hasta el tratamiento del agua.
- Los refugiados y los migrantes no tenían acceso a la atención médica formal, lo que agravó la situación epidemiológica.
Uno de los síntomas más alarmantes fue el aumento de los casos de malaria. Aunque la enfermedad se consideraba completamente erradicada en el país antes de la crisis, en 2011 se registraron 57 casos, 34 de los cuales se contrajeron en el país. Esto significaba que la enfermedad ya no era «importada», sino que se había arraigado.
La zona agrícola de Skala era especialmente vulnerable, ya que cada año llegaban miles de trabajadores temporeros de Afganistán, Pakistán y Bangladesh para trabajar en 20 km² de llanuras pantanosas. No había infraestructura para alojarlos y nadie realizaba exámenes médicos.
A pesar de las advertencias de los médicos locales, las autoridades de Atenas tardaron en responder. Solo en 2012, bajo la presión de las instituciones europeas, se tomaron las primeras medidas, como el tratamiento parcial de la zona, controles aleatorios y consultas con ONG. Pero para entonces, las autoridades regionales anteriormente responsables del control de plagas ya habían sido disueltas.
Epidemiología sin fronteras

Los médicos de Médicos Sin Fronteras, que comenzaron a trabajar en Skala en 2013, afirmaron que la situación no era típica de Europa, sino depaíses con un gasto público extremadamente bajo y sistemas de vigilancia sanitaria poco desarrollados.
La organización también considera alto el riesgo de brotes de tuberculosis y VIH en el centro de Atenas, donde los migrantes viven en condiciones insalubres y sin supervisión médica.
El ministro de Sanidad, Andreas Lykourentzou, prometió en una entrevista con The Wall Street Journal destinar fondos específicos a la lucha contra la malaria. Los municipios, incluido Skala, comenzaron a comprar medicamentos y a fumigar con insecticidas por su cuenta. En 2014, el número de casos confirmados se redujo a ocho. Sin embargo, los expertos subrayaron que la infección ya se había extendido a varias regiones del país y que su erradicación completa llevaría varios años.
Enfermedades de la pobreza en el sur de Europa
El caso de Grecia ilustra lo frágiles que pueden ser los logros de los países desarrollados en el ámbito de la atención sanitaria. La malaria, las enfermedades cutáneas y la tuberculosis se hicieron posibles principalmente debido a la destrucción de la capacidad institucional para responder a los riesgos. Cuando las estructuras estatales se retiran, no se produce necesariamente el caos. En su lugar, surgen patrones típicos de los países en desarrollo.