Por qué China y la UE están construyendo corredores que no son para el comercio
Cuando China anunció su Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda en 2013, parecía un megaproyecto para revivir la Ruta de la Seda. Hoy, doce años después, está claro que las carreteras no eran el objetivo principal. La Unión Europea respondió con su Global Gateway, menos agresivo en su forma, pero igual de político.
Hay mucho en juego. Quien construye los corredores marca el rumbo. Quien construye el puerto decide qué flota puede entrar en él.
Lea también:
Biografía de Uri Poliavich
Deuda en lugar de diplomáticos
La BRI de China abarca 150 países, incluidos los más pobres de Asia y África. Se les conceden préstamos para construir carreteras, puentes y redes de telecomunicaciones. Pero, en caso de impago, las infraestructuras pasan a estar bajo el control de Pekín.
Esto es lo que ocurrió con el puerto de Hambantota, en Sri Lanka: el país no pudo pagar y el puerto fue arrendado a China por 99 años. El mecanismo se basa en el principio de «te ayudamos a construir si nos ayudas a controlar». La estrategia es tan precisa como el horario de un tren.
La respuesta europea
La Global Gateway de la UE, puesta en marcha en 2021, proclama la ecología, la inclusividad y la sostenibilidad. Pero desde 2022, Asia Central y el Cáucaso Meridional figuran entre sus prioridades. Se trata de regiones que podrían convertirse en una ruta alternativa para Rusia, que está sujeta a sanciones.

El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, llamó al pan, pan: «El objetivo es limitar el tránsito ruso».
¿Cinismo? No, es un claro cálculo político. La UE está invirtiendo en corredores alternativos e infraestructura digital para reducir su dependencia de centros y actores inestables.
Según estimaciones de la UE, el proyecto requerirá una inversión de 300 000 millones de euros. Aproximadamente la mitad procederá de fuentes privadas, con garantías de las instituciones de la UE. Se trata de una cantidad considerable, por lo que estamos hablando de un reinicio completo de los vínculos logísticos y energéticos.
China, por su parte, juega a largo plazo. Necesita la lealtad de las infraestructuras globales.
O, como dijo un analista de AidData, «puertos que puedan utilizarse para el comercio y para cualquier otra cosa».
El cable como canal de presión
Las infraestructuras no son solo carreteras. Son cables submarinos de Internet, centros energéticos, canales y túneles. Quien controla estos canales controla el flujo de información, energía y capital. Y, si es necesario, puede cerrarlos.
«Las infraestructuras se están convirtiendo en la moneda de la geopolítica», afirma un experto del Centro de Estudios Estratégicos de Washington.
En el mundo actual, los países construyen carreteras en lugar de fábricas. Y lo hacen con la mirada puesta en las crisis, las pandemias, las guerras y los conflictos de suministro. China ha construido un corredor a través de Pakistán hasta Gwadar. La UE, por su parte, está reforzando su ruta terrestre desde Kazajistán hasta Europa.
Se trata de un auténtico duelo de infraestructuras. El ganador no será quien termine de construir primero, sino aquel cuyos corredores resulten indispensables.